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Full text of "Los camarones : zarzuela cómica en un acto y en prosa"

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CftRIiOS  IIRHIGHES  y  GEIiSO  JiUClO, 


fe 


LOS  CAHAROHES 

ZARZUELA  CÓMÍCA 
en  cjn  acto  y  ©o   prosa,  original 


MÚSICA   DKL  MAESTRO 


VALVERDE  (hijo)  y  TORREGROSA 


T££C£EA    SDICIOíT 


SOCIEDAD  DE  AUTORES  ESPAÑOLES 
Múñeat  de  Balboa,  12 


LOS  CAMARONES 


ZARZUELA  CÓMICA 
uo  aoto  y  &r\  prosa 

ORIGINAL   DE 


CílRltOS  fll^UlCHES  y  CEIiSO  ÜOGIO 

música  del  maestro 

VALYERDE  (hijo)  y  TORREGROSA 


Estrenada  en  el  TEATRO  DE  LA  ZARZUELA  la  noche  del 
4  de  Diciembre  de  1897 


TERCERA  EDICIÓN 


^ 


^  MADRID 

^  a,  VBLABOO,  IMP.,  KABQDÜS  OK  AXSTA  ASA.  11    1>0P 

Telélono  aúisero  6éi 


-7 


i»os 


^1 


REPARTO 


PERSONAJES 


ACTORES 


PEPITA Seta.  Arana. 

DOÑA  EZEQÜIELA González. 

LA  MANUBRIO Oetiz. 

LA  SÁNCHEZ Abizmendi. 

PÉRKZ A.- i. Sh.       Rodríguez. 

DON  TIMOTEO Romea. 

BARTOLO i MONCAYO. 

DON  SABINO...^... SiGLEE. 

DON  CASIANO.. .  ;{.U\.¿  ,,X Mora. 

GANDÚLEZ Arana.     * 

ARTURO ;,. González. 

RETACO ToHA. 

CARRASCO Guebba. 

Mozos,  mozas,  coro  general,  orquesta  de  bandurrias,  guitarras 
y  ocarinas 


'•> 


«fit. 


■^a^SBa^u. -i«s. 


aii^iiaiiffliiaiiaii^i^iiM^rSiiaiisiüwiiHaii-^Tgir^ 


n^r 


.w^CTO  ÚNICO 

i^tio  de  uua  posada.  Eu  el  testero  del  foro  derecha  portalón  grande, 
que  es  la  entrada  de  la  calle.  En  el  testero  foro  izquierda,  un  esce- 
nario á  la  altura  de  un  metro,  con  cortinas  de  lienzo  roto,  y  eo 
rredi^s  de  un  lado  y  de  otro;  la  decoración  del  escenario,  de  sel- 
va. Primer  término  derecha,  puerta  y  en  segundo  puerta  pequeña 
de  corral.  Primer  término  izquierda,  pu«rta,  y  eu  segundo  puerta 
alta  con  gradilla  y  pasamanos.  En  la  escena  varios  sacos  y  objetos 
úe  labranza. 


ESCENA  PRIMERA 

PÉREZ.  CARRASCO,  la  MANUBRIO,  la  SÁNCHEZ,  ridiculamente 
vestidos  de  trajes  de  la  Edad  Media,  representan  el  final  de  una  tra 
gedia.  RETACO.  ESPECTADOR  1.",  2,«,  3.»,  4.»  y  5.°,  con  el  CORO 
GENERAL,  sentados  en  los  bancos  y  en  las  sillas,  oyen  la  función 
Al  levantarse  el  telón  aparece  la  Sánchez  tendida  eu  el  suelo  A  su 
lado,  de  rodillas,  y  en  actitud  de  horror,  la  Manubrio  y  Carrasco 
Pérez,  con  un  puñal  en  la  mano  y  una  trágica  actitud,  la  contempla 
con  desesperación 

Pérez  ¡Su  crimen  se  purgó:  ¡Fué  su  castigo! 

¡Adúltera  infeliz,  yo  te  maldigol 

¡  Ah!  (Esta  exclamación  ridiculamente   trágica.   Pérez 
cae  de  rodillas,  soltando  el  puñal.-Telón  ) 

Iodos  ¡Fuera!  ¡Fuera! 

Esp.  1.0  ¡Que  bailen! 

Esp.  2  o  ¡A  la  cárcel! 

Esp.  3.0  iQue  se  repita! 

Esp.  4.0  ¡Ladrones! 


607£G3 


—  6  — 


EsP.  1.^  ¡El  dinero!  (cae  sobre  el  escenario  una  lluvia  de  pa- 
tatas y  tomates,  y  siguen  las  voces  y  los  silbidos  ) 

EsP.  o. o  ¡Que  se  repita!  (Se  alza  el  telóu  y  sale  Pérez,  guar- 
dándose  la  cabeza  con  el  brazo  para  evitar  un  golpe.} 

Pérez  Respe...  res...  respetable  público. 

Todos         ¡Chist...  chisl!... 

Esp.  2.0       ¡Callarsusl 

Es?.  3.0       ¡Que  se  repita! 

Pérez  Respe...  respetable  público.  Como  la  trage- 

dia que  hemos  tenido  el  honor  de  represen- 
tar... (Le  tiran  dos  tomates.) 

Ret.  ¡Estarsus  quietos,  hombre! 

Esp.  3.0       ¡Que  se  repita! 

Pékez  Bueno.  Se  suplica  á  este  respetable  pública 

que  haga  el  obsequio  de  no  arrojar  á  las  ta- 
blas ojetes  de  huerta  que  puedan  hacer  daño 
á  las  partes  de  la  compañía. 

Todos         ¡Bravo,  bravo! 

Pérez  Pues,  quería  decir,  que  ya  que  no  haiga  gus' 

tao  la  tragedia  ejecutada  por  unos  servido- 
res, lo  cual  que  me  choca,  por  ser  de  don 
Calderón  de  la  Barca... 

EsF.  5.^      Que  Falga  don  Calderón... 

Pérez  El  señor  don  Calderón  no  se  encuentra  en 

el  teatro.  8i  este  respetable  público  lo  desea » 
la  señorita  ¡Sánchez  tendría  gusto,  para  con- 
tentar al  respetable  público,  en  salir  y  que 
la  vieran  hacer  La  primera  postura. 

Esp.  l.o       ¡No,  que  no  la  haga! 

Otros         ¡Sí,  sil 

Otros  ¡No,  nol  (Xlran  patatas,  crece  el  escándalo   y  cae   el 

telón.) 

Voces         ¡No!  ¡Fuera!  ¡A  la  cárcel!  ¡El  dinero! 

Esp.  3. o  ¡Que  se  repita!  (Empiezan  á  tirar  ios  bancos  y  sillas 
por  el  suelo.) 

Ret.  ¡a  la  callel  ¡A  la  calle  to  el  mundo.  En  mi 

casa  no  quiero  escándalos. 
Esp.  2.0      ¡A  la  calle!  ¡A  la  calle  tóos!  (siguen  ios  gritos  y 

denuestos.  Retaco  les  hace  salir  á  todos  y  so  va  con 
ellos.) 


fmnm 


ESCENX  K 

PÉREZ,    CARRASCO,    GA^ÍDULEZ,  la   SÁNCBEZ   y   la    MANUBRIO 
asomando  la  cabeza  por  debajo  del  telón  y  por  los  costados 


Música 

Pérez  La  toraienta  ya  pasó. 

Car.  Todo  el  mundo  se  marchó. 

Man.  ¿No  hay  miedo? 

Pérez  ¡No! 
Car.  ¡No! 

San.  ¡No! 

Todos  El  peligro  ya  pasó.  (Bajan  á  la  esceuaa.) 

Donde  quiera  que  vamos  los  cinco 

con  el  repertorio, 
nos  esperan  de  fijo  más  penas 

que  en  el  Purgatorio; 
pues  apenas  hacemos  alguna 

representación, 
se  encarecen  las  cosas  de  huerta 
de  la  población. 
Y  al  pobre  Calderón, 
y  al  pobre  Moratín , 
lo  mismo  que  á  Carrión, 
Palacios  y  Perrín, 
les  dan  cada  ovación 
que  no  tiene  fin. 
Y,  sin  embargo  de  hacernos  trizas, 
y  de  obsequiarnos  con  hortalizas, 
somos  los  cinco  con  un  papel 
cinco  figuras  para  un  cartel. 
Car.  Yo  siento  la  comedia. 

Gand.  Yo  siento  el  drama 

Pérez  Yo  siento  el  tomatazo 

que  se  me  inflama. 
Man.  j       Nosotras  no  tenemos 

San.  )  especialidad, 

pero  lo  hacemos  todo 
con  buena  voluntad. 
Gand.  Yo  haciendo  galanes 

no  temo  á  ninguno; 


—  8  - 

visto  la  armadura 
lo  mismo  que  el  frac, 
y  al  ver  todo  ei  mundo 
mi  hermosa  figura 
ee  rinde  la  dama 
y  aplaúdela  clac. 
P¿REZ  Yo  hago  siempre  un  barba 

de  barba  de  mico; 
yo  adoro  el  ingrato 
papel  de  traidor, 
y  asusto  á  los  grandes 
y  asusto  á  los  chicos 
poniéndome  adusto, 
¡brrr!  con  gesto  de  horror. 
Los  CINCO   Y  aunque  nos  griten  y  nos  maltraten, 

y  aunque  nos  prendan  y  aunque  nos  maten, 
y    somos  los  cinco  con  un  papel 
cinco  figuras  para  un  cartel. 
Y  los  cinco  formamos  un  cuadro 
completo  y  surtido  que  no  cabe  más, 
y  ei  aquí  no  nos  han  comprendido, 
lo  mismo  ha  ocurrido  con  otros  quizá. 
San.  Yo  soy  una  Dardalla. 

Car.  Yo  soy  un  don  Julián. 

Pérez  Soy,  haciendo  W  estigma 

y  Las  zapatillas,  notabilidad. 
Todos  Somos  todos  una  notabilidad. 

Hablado 


Gand.  ¿Lo  estáis  viendo?  Si  me  hubieseis  creído  á 

mí  y  hubiésemos  debutado  con  Los  gansos 
del  Capitolio,  no  hubiese  pasao  lo  que  ha 
pasao. 

Pérez  ¡Vamos,  hombre,  que  te  calles!  Si  empeza- 

mos á  hacer  Los  gansos  hay  tiros. 

Car.  Di  tú  que  lo  que  nos  ha  pasao  nos  ha  pasao 

por  culpa  de  ese...  ni  más  ni  menos. 

Pérez  ¿Por  culpa  mía? 

Car.  Sí,  señor...  por  falta  de  dirección. 

Pérez  ¡Pues  no  se  queja  de  la  falta  de  dirección  y 

le  han  dado  en  mitad  de  las  narices  con 
una  patata!  El  que  tiene  la  culpa  ha  sido 
tú... 


Car.  ¿Yo? 

Pérez  l'ú,  sí  señor.  Por  haberte  equivocao.  Por- 

que cuando  salías  tú  haciendo  de  esclava 
Porcia  y  le  preguntabas  «¡Quién  te  salvará, 
oh,  rey!»  El  tenía  que  decir  «¡Alhá,  Porcia!» 
y  ha  dicho  «Alhá,  Porra»  y  el  público  ha 
dicho  á  la  porra  y  ha  empezado  el  pateo. 

Car.  Un  equivoco  cuakfiquiera  lo  tiene. 

S  vN.  Y  más  siendo  galán  joven. 

Car.  Bueno,  basta  de  conver.-ación,  y  tú,"  Gandú- 

lez,  lo  que  vas  á  hacer  como  empresario  es 
darnos  ios  tres  sueldos  que  nos  debes  y  tres 
billetes  de  vuelta  para  Madrid,  como  nos 
dijiste...  porque  nosotros  nos  vamos. 

Gand.  Poco  á  poco.   Yo  os  dije  que  os  daría  tres 

vueltas;  pero  era  por  el  pueblo,  para  que  vie- 
rais los  monumentos. 

Car.  ¡Esto  es  una  estafa! 

Gand.  ¿Qué  estafa?  Vosotros  subir  al  cuarto  á  des- 

nudarse, y  luego  hal)laremos... 

Car.  Yo  no  me  voy  de  aquí  sin  cobrar. 

Man.  Ni  yo;  antes  le  saco  los  ojos.  (Vaüse  regañando.) 


ESCENA  m 


PÉREZ   y    GANDÚLEZ 

Gand.  Pero  serán  primos;  ¿pues  no  salen  ahora  con 

que  quieren  cobrar? 

PÉREZ  Son  muy  exigentes.  Tú  tienes  la  culpa.  ¿Pa 

qué  contratas  á  la  Sánchez,  que  no  tiene  ta- 
blas^ 

Gand.  Hombre,  yo  la  contrato  porque  es  una  mu- 

jer útil,  que  lo  mismo  te  sirve  para  el  drama 
que  para  el  juguete. 

Pérez  Pues  yo  la  he  visto  el  Sullivan,  y  está  pa  ma- 

tarla. 

Gand.  Bueno;  pero  te  hace  Roncar  despierto,  y  es  la 

dislocación. 

Pérez  Bien,  bien;  vamos  á  lo  importante.  ¿Cuánto 

ha  ingresado  en  la  taquilla? 

Gand.  Pues,  verás:  descontando  la  propiedad,  gas- 

tos de  hoja,  dependencias,  billetaje  y  luz... 


—  10  — 

Pérez  ¡Luz!  ¿Qué  luz,  si   hemos  dado  la  función 

con  la  luz  del  día? 

Gand.  Hueno;  pero  es  que  aquí  la  luz  del  día  es  pro- 

piedad del  Ayuntamiento. 

Pérez  ¿Y  la  cobran? 

Gand.  Natural.  En  total:  que  habrá  venido  á  que- 

dar una  peseta  de  líquido  para  la  empresa. 

Pérez  ¿^"a  pes-ta  de  líquido? 

Gand.  Dos  botellas  de  vino. 

PÉREZ  Ks  poco  líquido.  Y  oye,  Gandúlez.  (cogiéndole 

de  ia8  solapas.)  TÚ  me  díces  á  mí  el  Evangelio. 
¿Cuánto  se  ha  sacao? 

Gand.  Bueno;  pues  mira,  la  verdad:  se  han  sacao 

cincuenta  pesetas  ..  y  vamos  á  ir  á  medias, 
pa  que  veas  lo  que  soy  yo. 

Pérez  Eso  es  lo  justo:  la  mitad  para  cada  uno. 

Gand.  ¡No!  Es  mejor  que  vayamos  á  medias.  Ve- 

rás. De  los  diez  duros,  cinco  pa  mí,  y  de  los 
otros  cinco,  la  mit¡ui  pa  mí  y  la  otra  mitad 
pa  los  dos.  Todo  a  medias. 

Pérez  ¡3on  muchas  medias.  Bueno;  ¿y  vendrá  á 

quedarme  pa  una  cajetilla? 

Gand.  Sí;  pero  como  vamos  á  medias,   me  tendrás 

que  dar  la  mitad  de  la  cajetilla. 

Pérez  Tú...  lo  que  vas  á  hacer  es  traer  aquí  los 

diez  duros;  partimos  á  cinco  cada  uno,  sali- 
mos pa  Madrid,  y  ahí  queda  eso. 

Gand.  ¡Hecho!  ¡''iiócalai  (se  dan  las  manos.)  Voy  por 

los  diez  duros. 

Pérez  Aquí  te  aguardo.  » 

Gand.  Hasta  en  seguida.  (Vase  segunda  izquierda.) 


ESCENA  IV 


PÉREZ  y  ARTURITO,  primera  derecha 

Pérez  Bueno;  oye  tú,  que  no  tardes,  que  la...  (si- 

guiéndole hasta  la  puerta  ) 
ArT.  (Dándole  en  el  hombro  con  sigilo.)  BucnaS  tardes. 

PÉREZ  (¿Quién  será  este  gorrión?)  ¿Qué  hay? 

ArT.  ¿Estamos  solos?  ^corriendo  de  puntillas  de  un  lado 

á  otro.) 

PÉREZ  Sí,  señor.  ¿Qué  hay?  (siguiéndole.) 


—  11  - 


Art. 


Pérez 
Art. 

Pérez 
Art. 


Pérez 
Art. 


Pérez 


Art. 

Pérez 

Art. 


Pérez 
Art. 


Pérez 
Arx. 


jSeñor    Pérez!    (saca    del    bolsillo   una    carta.)  La 

carta  para  el  juez...  (saca  un  revólver.)  El  revól- 
ver 'Smitht...  Las  cáumlas.  .  (i.as  saca  ) 
¡(^anario!  ¿Pero  á  qué  viene  esio? 
¡Señor  Pérez,  ó  usted  me  protege  ó  me  levan- 
to la  tapal 

No  se  destape  usted,  hombre.  ¿Qué  pasa? 
Señor  Pérez,  usted  puede  salvarme.  Yo  me 
llamo  Arturo  Efpaña,  y  quiero  que  conozca 
usted  mi  historia. 

Le  advierto  á  usted  que  la  historia  de  Es- 
paña la  conozco. 

La  mía  es  peor.  Verá  usted.  Yo  soy  del  pue- 
blo de  al  lado,  y  tengo  una  novia  de  la  loca- 
lidad, y  no  nos  dejan  casarnos  porque  su  pa- 
dre y  el  mío  son  enemigos  políticos.  Y  ha  ido 
el  padre  de  ella  y  le  ha  buscado  un  novio  del 
partido  liberal,  y  los  van  á  casar  dentro  de 
unos  días..v;  y  Pepita,  que  así  se  llama  mi 
novia,  no  quiere..  ;  pero  si  los  casan  á  la 
fuerza,  }o  me  mato...,  porque,  ¿qué  hago  en 
este  mundo  sin  Pepita? 
Por  Dios,  señor  España,  no  se  aflija  usted. 
Me  ha  sido  usted  muy  simpático,  y  ¿tabe 
usted  lo  que  digo? 
¿QuéV 

Que  ¡viva  España!...  y  ¡viva  con  su  Pepita! 
Bueno;  pues  verá  Uí-ted  para  lo  que  le  he 
buscado.  Mi  novia  le  ha  hecho  creer  á  su 
padre  que  no  se  puede  casar,  porque  está 
muy  mala,  y  el  padre  ha  ido  y  le  ha  escrito 
al  doctor  Camarón^  que  es  el  mejor  médico 
de  Madrid,  para  que  venga  á  tste  pueblo  á 
verla  y  diga  si  se  puede  casar  ó  no. 
¿Y  qué? 

Que  usted  tiene  que  ser  ese  Camarón,  por- 
que el  médico  no  viene,  y  yo  he  escrito  di- 
ciendo que  llega  hoy  á  esta  pesada. 
¡Pero,  hombre!  ¿Yo  de  Camarón? 
La  cosa  no  tiene  peligro.  Usted  reconoce  á 
la  chica.  Dice  usted  que  no  se  puede  casar 
en  un  año.  Se  va  usted  á  los  diez  minutos... 
y  mire  usted  la  recompensa.  (Le  muestra  un 

billete.) 


—  12 


PÉREZ 

Art. 
TÉkEZ 


Art. 


Pérez 
Art. 


Pérez 

Art 

Pérez 

Art. 


¡Quél  ¡Qué  veol  ¡Jovenl  ;Señor  España!... 
Veinte  duros  para  usted. 
¿Para  mí?  ¡Veinte  durosl   ¡Viva  España  con 
honra!  ¡Veinte  duros!  ¡Camarón!...  ¡Soy  Ca- 
marón! Langostino,  cuente  usted  conmigo. 
Pues  ahora  nos  vamos  á  la  carretera...  Se 
caracteriza  usted,  y  una  vez  disfrazao,  vuel- 
ve usted  diciendo  que  es  el  doctor,  y  aguar- 
da que  lleguen. 
¿Pues  dónde  están"? 

En  el  pueblo  de  al  lado;  pero  vienen,  por- 
que aquí  han   citado  al  médico  para  que  el 
novio  y  su  familia  presencien  la  consulla. 
No  diga  usted  más.  ¡Ah!  joven;  una  pregun- 
ta. ¿Serviré  yo  para  Camarón? 
Claro. 

Mire  usted  que  soy  muy  grueso. 
¿Y  qué?  ¿No  ha  oído  usted  decir  siempre 

«Camarones  gordos.»    (voceando.  Vase.) 


ESCENA  V 

PÉREZ  y  GANDÚLEZ  segunda  izquierda 


Pérez  ¡Veinte  duros!  No  digo  de  Camarón,  de  Sar- 

dina de  Nantes  hago.  Cogeré  de  aquí  debajo 
del  escenario  mi  levitón,  una  peluca,  (co- 
giendo lo  que  dice.) una  chistera... un  paraguas... 
haré  un  lío.  (lo  envuelve  todo.)  ¡  A  jajá!  Ahora.. 

(Disponiéndose.) 
GaND.  Bueno,  (saliendo.) 

Pérez  ¡Cuerno!  ¡Gandúlez! 

Gand.  ¡Aquí  están  los  diez  duros! 

Pérez  Gandúlez,   eres   el  primer   empresario   del 

Mapa  Mundi...  Vengan  esos  cinco. 

Gand.  ¡Choca!  (Dándole  la  mano.) 

Pérez  Que  vengan  esos  cinco. 

í tAND.  Pero...  (No  sabiendo  qué  mano  darle.) 

Pérez  ¡Esos  cinco  duros,  hombre! 

Gand.  Pero  aguarda  que  nos  fuguemos  y  cuando 

estemos  en  el  camino... 
Pérez  No:  si  es  que  yo  ya  no  me  fugo, 

Gand.  ¿Que  no?  ¿Te  has  vuelto  loco? 


Pérez 
Gand. 
Pérez 

Gand 
Pérez 


Gand. 
Pérez 

Gand 
Pérez 


Gand. 
Pérez 

Gand. 


Pérez 
Gand. 


—  13  — 

No;  pero  me  he  vuelto  Camaróu. 
¿TÚV 

Cosas  de  la  rida.  Voy  á  hacer  de  médico.  . 
y  á  reconocer  á  una  chica. 
¿De  quién? 

No  sé  de  quién.  Pero  yo  la  reconozco  y  en- 
gaño á  ñu  padre  y  me  dan  por  el  asunto 
veinte  duros. 

¡Veinte  duros!  ¡Diez  pa  mí,  diez  pa  mí! 
¡Diez  pa  mí,  diez  pa  mí!  Pareces  una  codor- 
niz. ¡Pero...  no,  señor...  ro,  señor! 
¡Ah!  ¿De  modo  que  no  partimos? 
¡Quita,  hombre!  Tengo  hecho  el  reparto  de 
los  veinte  duros  y  son  la  mitad  para  mí  y  la 
otra  mitad   para  un  servidor.  Ni   más   ni 
menos. 

¡Indecentel  ¡Mal   cómico!    ¡Canalla!   ¡Mise- 
rable! ' 
Mira,  Gandúlez,  no  me  insultes,  porque  te 
doy  un  puntapié  que   te  estropeo  el  reper- 
torio. 

¡Pues  esta  acción  me  la  pagas!  (Yo  me  espe- 
ro y  le  hago  una  que  se  acuerda  de  mí.)  ¡Ca- 
marón! 

¡Bonito!  (como  insultándole.) 
¡Gracias!  (saliendo  otra  vez.  Vase.) 


ESCENA  VI 

El  TÍO  RETACO,  DOÑA  EZKQUIELA,  DON  CASIANO.    DON  TlMO- 
TEO   y  BARTOLO 


Ret. 


Cas. 

EZEQ, 

Ret. 

TlM. 

Reí. 


[Anda  la  mar!  ¡Vaya  un  paso  que  lleva  el 

cómico! ..   Sí ..  tú  corre,  que  lo  que  es  de 

aquí  no  sacáis  el  equipaje  si  no  me  pagáis 

los  quince  duros  de  la  manutención. 

¡Alabao  sia  Dios! 

Buenas  tardes,  Retaco. 

¡Hola!  ¿Ustés  ya  por  acá?  ¡Que  las  tengan 

mu  güeuas. 

¿Qué?  ¿No  ha  llegado  aún  la  diligencia? 

finta  vía  no,  señor;  (a  doña  Ezequieía.)  vaya  una 


—  14  — 

majeza  y  una  legancia  que  se  trae  la  seña 
Ezequiela. 

TiM.  ¡Claro,  viene  á  recibir  á  su  futura  nuera! 

EzKQ.  Estos  cuellos,    me    dices,  sientan  mu   bien, 

¿verdad? 

Bart.  ¿y  has  reparao  en  mí?  Dos  riales  de  man- 

dolina. 

Cas.  y  el  cuarto  pa  el  médico,  ¿lo  arreglante? 

Ret.  Sí,  feñor,  y  la  habitación  pa  don  Sabino  y 

su  hija.  ¿Y  qué?  ¿Cuándo  es  la  boda? 

EzEQ  Según...  Eso  tiene  que  decirlo  el  médico  de 

Madrid,  que  creo  que  es  una  inminencia. 

TiM.  (sonriendo  con  sorna.)  ¡Kminencia!   Eso  ya   lo 

veremos,  y  no  lo  digo  porque  sea  yo  el  mé- 
dico de  esta  localidad...  ni  mucho  menos, 
porque  no  conozco  la  envidia...  pero  esos 
ncédicos  de  Madrid,  mucha  bambolla,  ¿sabe 
usted?  y  luego  nada.  Todo  lo  arreglan  con 
la  hidroterapia,  la  aeroterapia,  la  suerote- 
rapia.... 

Ret.  ¿y  qué  es  lo  que  tiene  la  hija  de  don  Sa- 

bino? 

EzEQ,  Pues  tiene  una  enfermedad  que  de  pronto 

llora  y  se  pone  triste. 

Bart.  ¡Pus  será  que  tié  la  tristeroterapia! 

TiM.  (¡Sí,  la  animaloterapia!)  Yo,  sabéis  cuando  la 

vi  el  año  pasado,  no  pude  apreciar  más  que 
ligeros  síntomas  de  caq^iexia. 

Bart.  Bueno;  pero  en  cuanto  me  vea  á  mí  y  yo  la 

dirija  dos  frases  de  esas  bordas  en  realce  le 
quito  toa  la  caquexia  que  tenga. 

EzEQ.  ¡Qué  apasionado  eres!    Ven,  eres  hijo  de  tu 

señora  madre,  no  lo  puedes  negar.  (Le  da  dos 

besos.) 

TiM.  Bueno;  pues  yo,  con  el  permiso  de  ustedes, 

me  retiro  antes  de  que  lleguen. 

Cas.  ¿Pero  se  va  usté? 

TiM.  Sí,  señor;  la  delicadeza  profesional  es  sagra- 

da. Hasta  luego,  (vase.) 

Cas.  ¡Adiós,  don  Timoteo! 

EzEQ  ¡Pero  cuánto  tardan!  *«? 

Ret.  ¡Ya...  ya...  ya  eatá  ahí  el  coche!  (Ruido  de  una 

diligencia.) 
EzEQ  ¡A  ver,  á  ver!  (Salen  todos  á  la  puerta.) 


—    16 


Cas.  ¡Miálos,  vienen  asomaos!...  ¡Eh!...  ¡Pepita!... 

¡Sabino!...  (Llamando  y  accionando  con  las  manos.) 

Bart.  (Airegiándose  el  traje.)  [Vaya  SÍ  la  trastorno,  en 

cuanto  me  gola  la  mandolina!  (saie  también  ) 


ESCENA  VII 

DICHOS,  PEPITA  y  DON  SABINO 

Música 

Cas.  Ya  están  aquí. 

EzEQ.  Ya  están  aquí. 

Bahi.  y  yo  cuando  la  veo 

no  sé  lo  que  decir, 
pues  siempre  que  la  miro 
me  pongo  sofocao, 
y  sólo  se  me  ocurre 
tirarla  un  bocao. 


EzEQ 

Cas. 

Mu  bien  venidos. 

Pep. 
Sab. 

¡              Muy  bien  hallados. 

EzEQ 

Con  impaciencia 

Cas. 

i               os  esperábamos. 

C  s. 

Aquí  está  el  mozo. 

EzEQ. 

Saluda  tú. 

Bart. 

Yo  bien,  sracias; 

tóos  mu  güenos; 

ya  le  veo  á  usté  tan  gordo 

y  á  la  chica. 

Pep. 

iQué  zulú! 

Cas. 

J              Ya  que  están  juntos, 

EzEQ. 

>              gracias  á  Dios, 

Sab. 

\              dejarles  solos 

que  hablen  los  dos. 

EzEQ. 

)               Anda,  dila  cosas 

C.s. 

f               dulces  y  melosas, 

de  esas  que  tú  sabes 

para  conquistar. 

Sab. 

(a  Pepita.) 

Haz  caso  á  ese  chico. 

que  aunque  es  un  borrico, 

--    16   — 

tiene  una  fortuna 
más  que  regular. 
Bart.  ¿Qué  digo  yo? 

Pep.  ¿Qué  irá  á  decir? 

Bari.  No  sé  cómo  salir. 

Es  usté  episcopal. 
Pep.  jAy,  Jesús,  qué  animal! 

Bart.  ¡Uyl  Le  daba  á  usté  un  bocao. 

Pep.  ¡Ay,  por  Dios,  tenga  usté 

un  poco  más  de  cuidao. 
Bart.  ¡Vale  usté  más  que  un  gurrión! 

Pep.  ¡,\y,  Jesús,  qué  melón! 

Bart.  Y  es  usté  la  mejor  moza 

que  yo  he  visto  en  este  pueblo 

dende  la  revolución. 
Pep.  ¡Ay,  qué  atrozl 

Bart.  ¡Muuu! 

Pep.  ¡Ay! 

Bart.  ¿Se  ha  asustado  usté? 

Pues  eso  no  es  ná.  «^  ^, 
Cuando  yo  tomo  cariño  á  una  persona 

soy  muy  burro. 
Pep.  Eso  es  verdad. 

¡Ja,  ja!  ¡Qué  atrocidad! 
Bart.  Tié  usté  un  cutis  cornil  flau. 

Pep.  ¡Ay,  Jesús,  qué  pesaoi 

Bart.  Y  tié  usté  una  mano  izquierda 

que  too  el  mundo  que  la  mira 

pues  se  pone  dislocao. 
Pep.  ¡Qué  chiflao! 

Bart.  Si  usté  quiere,  prenda  mía, 

muy  feliz  puede  usté  ser; 

pues  de  fi]o  noche  y  día 

á  su  lao  me  ha  de  tener. 
Pep.  Muchas  gracias;  ya  sabía 

que  era  usted  muy  seductor, 

y  por  epo  yo  quería 

que  ganase  usted  mi  amor. 
iJa,  ja,  ja,  ja! 
¡Qué  burro  está! 
Bart.  ¡Qué  guapa  está! ... 

Siempre  fui  mu  seductor. 
Pep.  ¡í^or  favor!  ¡Por  favor! 

Bart.  En  cuantito  nos  casemos, 


-   17    - 


ya  verá  que  apechugones 

le  dará  este  servidor. 

Pep. 

Así  If^  entretengo 

y  doy  tiempo  á  Arturo, 

y  en  tanto  veremos 

lo  que  ha  de  pasar. 

EZEQ. 

1            Ya  Fe  han  entendido,  (saliendo.) 

Cas. 

j            ;Q.ié  buena  parejal 

Sab. 

(            De  fijo  se  quieren, 

se  quieren  casar. 

Bart. 

¡Qué  rica  está! 

¡Qué  rica  está! 

Pep. 

¡Qué  burro  está! 

Bart. 

jQué  rica  está! 

EzEQ. 

Se  casarán. 

1 

Cas. 

Sab. 

Hablado 

Cas.  ¡MialoS,  qué  pareja!  (Queda  contemplándolos.) 

Bart.  Güeno,  ¿y  qué  tal,  cómo  va  eso? 

Pep.  ;,El  qué? 

Bart.  Na,  que  no  esté  nsté  triste,  que  vo  me  haré 

un  retrato,  y  así  de  que  me  lo  iluminen  le 
pongo  á  usté  en  el  dorsio  lo  nigui^nte:  «A  la 
única  Pepita  que  pienso  tener  en  este  mun- 
do, su  amelonao  Bartolo.» 

Pep.  No,  si  es  (^ue  estoy  muy  mal,  crea  usté  que 

estoy  muy  mal. 

Cas.  ¿De  manera  que  tú  qué  piensas? 

Sab.  Pues  ya  lo  sabéis,  si  el  doctor  Camarón  dice 

que  no,  pues,  ¡qué  demontre!  retrasaremos 
la  boda. 

Cas.  Pues  na;  vamos  á  nuestro  cuarto  y  aguarda- 

remos al  mé  lico  tomando  un  bocao. 

Sab.  No   me   paece   mal.   (Levantándose.)    ¿Subes, 

hija? 

Pep.  Suban  ust-^des,  que  voy  á  recoger  del  coche 

mi  caja  de  sombreros,  no  me  ion  estropeen. 

Sab.  Pues  anda  y  no  tardes. 

KzeQ.  Vamos.  (Vanse  segunda  izquierda.) 

Bart.  (a  Pepita.)   No  me  haga  usté  esperar,  rocío 

matutinal.  (Vase  mirándola.) 

2 


—  18  — 
ESCENA  VIII 

PEPITA,    Luego   ARTURO,    foro 

Pep.  ¡Dios  mío,  qué  feo!  ¡Pero  qué  feo  es  este 

bruto!  Y  en  cambio  mi  pobre  Arturo,  ¿ha- 
brá llegado?  ¿Habrá  podido  arreglar  lo  del 
Diédico? 

ArT.  ¡Vida  mía!  (Sale  y  la  abraza.) 

Fep.  ¡Ay,  tú...  tú!... 

Ar'i.  ¡Sí,  rica  mía,  que  s^mos  felices. 

Pep.  ¿Sí? 

Art.  Tengo  arreglao  lo  del  médico. 

Pep.  ¿Cómo? 

Art.  Con  un  cómico  que  es  amigo.  Te  verá,  dirá 

que  no  te  puedes  casar,  y  así  ganamos 
tiempo. 

Pep.  ¡Pero  mira  que  somos  desgraciados! 

Art.  ¿Que  si  lo  somos?  ¡Y  pensar  que  la  culpa  de 

todo  lo  que  nos  pasa  la  tié  Sagasta! 

Pep.  Naturalmente,   porque  mi  padre  es  liberal 

y  el  tuyo  conservador  y  se  tienen  mucha 
tirria. 

Art.  Claro,  y  mi  padre  dice  que  él  no  puede 

consentir  que  yo  me  cat^e  con  una  chica  fu- 
sionista. 

Pep.  ¡Pero,  mira,  que  ser  victimas  de  la  política! 

Art.  No,  y  que  mi  padre  es  muy  testarudo;  ¿sa- 

bes lo  que  me  dijo  ayer? 

Pep  .  ¿Qué  te  dijo? 

Art.  Que  quiere  que  el  primer  chico  que  tenga 

mi  mujer  que  sea  de  Silvela...  ¡Ya  ves  si  es 
burrada!  ^ 

Pep.  y  tú,  ¿qué  le  dijiste? 

Art.  Que  si  le  sería  lo  mismo  que  fuera  de  Ca})- 

¿epén.  ^x¿kX  ÍÁ-^'í 

Pep.  ¿y  él  qué  te  dijo?^ 

Art.  Pues  uje  dio  un   capón  y  me  dijo:   «Toma 

Oa-^deggTT^-.  andaj  y^^ritaba  hecho  un^i  fu- 

^^ /^  ^  ««-¿^ « Yo  no  recv mozco"  mK^'\ efáturax^ire  1  a 

izcárraga  y  quiero  que  tú  seas  azcaga- 


19  — 


Pep. 
Art. 


^¡' 


Art. 
Pep. 

Art. 


Pep. 
Art. 

Pep. 


rrino,  ni  más  ni  menos. >  Y  yo,  si  tú  quisie- 
ras, haría  una  cosa. 
¿Qué  cosa?  ^^-— 

Pues  hacernos  á£iÉ<^omistas,  irnos  con  Pi, 
fü  te  hacías  piista,  yo  pisto,  acetábamos  la 
Constitución,  nos  casábamos,  y  dentro  de 
un  mes  habíamos  armao,  pero  que  la  pri- 
mera beligerancia. 
¿Y  eso  es  fácil? 

Es  fácil,  si  tú  consientes  en  la  descentrali- 
zación administrativa. 
¡Yo,  sí!  Todo  antes  que  casarme  con  ese 
maldito  Bartolo.   Pero  lo  mejor  es  que  ese 
amigo   que  va  á  hacer  de   médico   venga,- 

írontO-y...  (veces  á'el  pueblo  fuera.) 

iist!  ¡Callal  ¿Oyes?  ¡Gente!  ¡Debe  ser  él!... 

Voy    á    esconderme    aquí...   (señala  primera  de- 
recha.) 

Y  yo  á  mi  cuarto.  ¡Que  Dios  nos  proteja! 
¡Adiós,  rica  mía!  ¡Adiós,  cuerpo  bonito!... 
¡Adiós  cuerpo  electoral!...  (se  esconde.) 

¡AdiÓsI  (Vase  segunda  izquierda.) 


ESCENA  IX 


PÉREZ   y   CORO   GENERAL 


Música 


€ORQ 


PÉREZ 

Coro 


Tase  adelante,  señor  doctor, 
,  que  es  para  el  pueblo  un  grande  honor 
%J  que  nos  visite  sin  vanidad 
^l  tan  renombrada  celebridad. 
^Gracias,  señores,  por  el  favoi\|\. 
Pase  adelante,  señor  doctor^./? 
Dicen  que  hace  usted  curas 

maravillosas, 
y  todas  sus  recetas 

son  milagrosas; 
que  bate  usté  á  los  ciegos 

las  cataratas 
y  quita  usté  á  los  cojos 
la  mala  pata..  ' 


'lije 


—  20  — 

¡Qué  atrocidad,  qué  atrocidad 
8  una  verdadera  notabilidad! 
Cuente  usted  aí^ún  caso, 

haga  usté  el  favor, 
que  el  talento  muestre 

del  señor  floctor. 
Pérez  Pues  allá  va  un  caso 

muy  original, 
que  ha  sido  el  asombro 

de  la  capital. 


I 


Un  recado  la  otra  tarde  me  mandó 
un  gran  músico  que  toca  el  cornetín, 
con  objeto  de  que  fuese  sin  tardar 
á  curarle  un  gran  dolor 
que  tenía  el  infeliz. 
En  seguida  fui  á  su  casa  y  le  encontré 
en  la  cama  con  un  gran  calenturón, 
cuatrocientas  pulsaciones  le  conté, 
no  hay  en  esto  nada  de  exageración. 
Le  di  catorce  duchas, 
y  al  verse  el  infeliz 
curado  en  el  instante, 
me  dio  un  abrazo  y... 
Coro  ¿Q"é? 

Pérez  (imitando  el  cornetín.) 

Se  puso  en  el  momento 
á  tocar  el  cornetín. 


II 


La  otra  tarde  se  produjo  una  cuestión 
entre  cinco  ó  seis  murguistas  de  Madrid, 
y  se  dieron  unas  cuantas  bofetás, 

y  á  dos  de  ellos  sin  querer 

les  rompieron  la  nariz. 
Acudieron  á  mi  casa  para  ver 
si  la  herida  les  podía  yo  arreglar, 
y  en  seguida  dos  narices  les  pegué, 
y  del  gozo  se  marcharon  sin  pagar. 

Pero  á  los  pococ  días 

me  van  á  visitar, 


—  21  — 

y  veo  que  de  pronto 
empiezan  á  afinar 
Coro  ¿Qué? 

Pérez  (imitando  al  cornetín.) 

Me  dieron  una  murga 
quo  no  quiero  ni  pensar. 

Hablado 

Uno  ¡Viva  el  señor  doctor! 

Todos         ¡Vivaaa!  (se  marchan.) 

Pérez  Gracias,  señores;  pues  nada,  vayan  ustede:-? 

con  Dios...  y  ya  saben  ustedes  dónde  me  de- 
jan. (Donde  me  dejan  ch  en  el  sitio  si  se 
averii^ua  la  verdad.) 


ESCENA  X 

PÉREZ,  RETACO    y  GANDÚLEZ  segunda   izquierda  con  una  maleta 
en  la  mano 


Ret. 

Pérez 

Ret. 

Pérez 

Ret. 


Pérez 
Ret. 

Oan. 

Pérez 
Oan. 
Ret. 
Gan. 


Pérez 


¿De  móo  que  usté  es  el  señor  médico  que 
viene  á  decir  si  Pepita  está  ú  no  está  pa  ello? 
Servidor.  ¿Y  qué?  ¿Han  llegado  ya? 
Hace  rato. 

Diga  usted,  posadero,  ¿y  eso  que  tiene  la 
chica,  no  saben  ustedes  lo  que  es? 
Pues  dice  que  no  se  pué  casar  porque  tiene 
una  cosa  así  como  ca...  catacalitas.  Pero  Bar- 
tolo dice  que  ^MÍe  casarse,  porque  el  también 
tiene  otra  cosa  acabada  en  itas. 
Ganitas... 
Eso^M^  que  sea... 

(saliendo.)  Hola,  tío  Retaco.  (Pérez...  Me  ale- 
gro.) (saludando  á  Pérez.)  ¡Servidor! 

(¡Cuerno!   ¡Gandúlez!)  ¿A  qué  vendrá  éste? 
Me  alegro  que  esté  usted  aquí. 
Pero,  ¿qué  es  eso,  se  va  usted? 
Sí,  señor;  me  voy  á  Madrid,  y  venia  á  des- 
pedirme de  usted  y  á  decirle  que  busque  us- 
ted á  Pérez... 
(¿A  mí?...) 


—  22  — 

Ret.  ¿Quién?  ¿El  barba  de  los  cómicos? 

Gan.  Sí,  señor;  porque  precieamente  le  he  dado 

los  quince  duros  del  hospedaje  de  la  com- 
pañía para  que  se  los  dé  á  usted. 

PÉREZ  Menti... 

Los  DOS      ¿Qué? 

PÉREZ  Nada,  nada...  CjLadrón,  infame!) 

Ret.  ¿,De    manera   que   le   ha  dao   usté  quince 

duros? 

Gan.  Sí,  señor;  y  cinco  de  propina  para  usted,  to- 

tal, veinte. 

Rkt.  ¿De  manera  que  él  me  los  dará? 

Gan.  (Me  las  va  á  pagar.)  Sí;  pero  tenga  usted  cui- 

dao,  porque  es  un  sinvergüenza  y  puede  que- 
darse con  ellos...  (Pérez,  furioso,  amenaza  á  Gen- 
dúlez  por  detrás  de  Retaco  )  Oiga  USted,  CSC  Señor 

me  hace  señas. 
Ret.  ¿SeñaF? 

Pérez  No...  nada...  es  que...  la... 

Ket.  ¡Es  Camarón! 

Gan.  ¿Camarón?   ¡El  célebre  médico!   ¡El   señor 

Camarón,   ilustre  Camarón!...  Lumbrera  de 

la  medicina,  tipo...  y  prototipo.  (Haciéndole 
reverencias.) 

PÉREZ  (Si  le  cogiera  á  solas.) 

Ret.  Pero,  ¿le  conoce  ustt? 

Gan.  Que  si  le  conozco...  ¿Ve  usted  ese  médico? 

Pues  le  quita  á  usted  todo  lo  que  tenga. 

PÉREZ  (¡Y  encima  me  llama  ladrón!...) 

Gan.  ¡Conque  tanto  gusto!. .  (Le  saluda.)  ¡Y  usted» 

ojo  con  los  veinte  duros!...  (vasc.) 

Ret,  Que  tenga  usted  buen  viaje,  (a  Pérez  que  va  á 

salir.)  ¿Dónde  va  usted? 

Pérez  Nada;  que  voy  á  darle  un  recao...   á  despe- 

dirme de  ese  señor. 

Ket.  Quite  usted  doy;  no  vale  la  pena.  ¿Ha  visto 

usted  que  bellísimo  sujeto  es? 

PÉREZ.  (¡No  está  mal  bellísimo!) 

Ret.  Conque  voy  á  avisar  á  don  Sabino  que  está 

usted  aquí.  (Vase  primera  izquierda.") 


ESCENA  XI 

PÉREZ;    luego  ARTURITO;    luego,  DON    SABINO,    DON    CASIANO, 
DOÑA  EZEQUIELA,  PEPITA  y  BARTOLO 


Pérez 

Art. 

Pérez 
Art. 

PÉREZ 

Art. 
Sab. 
Pérez 


Sab. 
Pérez 


Bart. 

EZEQ. 

Sab. 

PÉREZ 


Cas. 
Bart 

Sab 


¡Pillo!  ¡Asesino!  ¡Granujal  ¡Pierdo  los  veinte 

duros!...  Pero  ¡ay!  ¡Cuando  yo  lo  coja  me  río 

yo  de  las  almóndigas;  lo  triturol  (En  la  puerta.) 

(saliendo.)  Bien,  pero  que  bien,  pero  que  muy 

bien. 

¿Es  usté? 

¡Chist!   Yo  ahí...  y  usted  ya  lo  sabe...  diga 

usted  machas  palabras  de  medicina. 

Pero  si  no  sé  ninguna. 

Diga  usted  palabras  de  los  anuncios  de  los 

periódicos,  (se  esconde.) 

(saliendo  todos  y  haciéndole  una  reverencia  al  doctor.} 

¡Señor  doctor! 

(¡Ellos;  pecho  al  gua!)  ¡Señores!...  ¡Ah,  seño- 
res... mis  queridos  señores!...  Acabo  de  lle- 
gar, y  tengo  el  honor  de  poner  á  la  disposi- 
ción de  ustedes  mis  modestos  conocimien- 
tos médico-quirúrgico-homeopático-of  taimo- 
lógicos.  (Todos  quedan  con  la  boca  abierta.) 
Güeno;  pus  nosotros... 

Nada,  caballero;  no  me  diga  usted  nada; 
desde  luego,  para  que  vean  ustedes  mi  ojo 
clínico  y  mi  acierto  neuropsíquico  terapéu- 
tico, les  diré  á  ustedes  que  aquí  la  enferma 
es...  (no  puede  ser  otra)  es  esa  joven...  ¡Ah, 
sí!  ¡Usted,  esa  joven,  sí! 
Se  lo  ha  notao. 

(iPero  en  qué  se  lo  habrá  notao? 
Pero,  ¿se  le  nota  algo? 

Que  si  se  le  nota...  Una  simple  mirada,  y  he 
visto  en  sus  ojos  la  hemoglobina  linfático 
coleriforme,  y  en  su  aspecto  general  la  con- 
figuración histero-patológica  recalcitrante. 
Miá  que  se  explica  con  claridad. 
Y  too  eso  que  ha  dicho  vendrá  á  ser  una 
cosa  así  como  el  flato,  como  si  lo  viera 
Usté,  nos  habían  dicho  que  usté  era  modes- 


—  24    - 

to,  pero  aquí  no  nos  la  da  usté;  ya  sabemos 
(|ue  usté  y  su  hermano ..  en  fin,  en  diciendo 
los  Camarones...  los  mejores  especialistas  de 
España... 

Cas.  y  diga  usté,  ¿su  especialidad  de  usté  son  las 

señoras? 

PtRhz  ¿Vo?  ¡Nada  más!  ¡A.  mí,  señoras,  es  mi  es- 

pecialidad!... A  mí  déme  usted  señoras. 

Barí  .  ¡Y  á  mí! 

EzEQ .  ¿Pues  no  decían  que  se  dedicaba  también  á 

los  riñonesV 

Pérfz  8í,  también  á  los  ríñones...  también...  unas 

vpces  señoras.  .  otras  ríñones  .. 

Bart.  ¿Salteaos? 

Pérez  íSí,  señor;  los  ríñones  salteaos. 

8ab.  Pues  na,  aquí   ya  sabe  que  se  trata  de  que 

vea  á  la  chica. 

Pf.p.  Servidora. 

Fé^'KZ  Tues  nada>  empezaremos  el  reconocimiento. 

Bart.  Bueno;  pues  yo,  mientras  usted  la  examina 

la  patuosidí.d  minero  medicinal,  me  voy  á 
preparar  la  serenata  que  le  vamos  á  dar,  y 
que  va  á  ser  pero  que  bicarbonatado  sódica. 

(Vase.) 

Péi^ez  ¡Caramba!  Este  joven  sabe  mucha  medicina, 

tanto  como  yo. 

EzEQ.  Es  mi  hijo. 

Sab  Pus  na,  cuando  usted  guste. 

Pérez  Empecemos.  Usted,  señorita,  á  mi  lado  sen- 

tada... (¡Qué  guapa  es!)  y  ustedes  ahí.  ¡Aja- 

j.*^!  (f-e  sientan  todos.)  A  Ver  el  pulsO.  (í-'e  lo  toma  ) 

L.AS  TRES     ¿Qué? 

\  Música 

Pérez  El  pulso  es  rápido, 

^^  y  el  golpe  es  sólido, 

'     '  y  late  á  intervalos 

I  muy  desigua] 

Según  los  síntomas 
está  febrífuga 
y  tiene  un  tétano 
fenomenal. 


—  26  — 


Cas. 

Sab. 

EZEQ. 

Pep. 
Pérez 


Pep, 


Pérez 


I?AB. 
EZEQ. 

Cas. 

Í'ÉREZ 


)OS 

1 

SabI 

Art.  \ 

i 

ÉREZ 


(A 


1 VI  ene 


¡Qué  genio  médico 
tan  colosal! 

Va  usted  á  asustármelos 

con  tanto  mal. 

La  piel  está  seca, 

no  hay  más  que  tocar. 

(iQué  fina,  qué  suave! 

Yo  voy  á  abusar.) 

(a  Pérez) 

¡Si  no  está  usted  quieto 
lo  voy  á  decir. 

Pepita.) 

(Si  usted  no  ?e  calla     .-" 
se  va  á  descubrir.)   x'' 

¡Qué  tiene,  qué 
querido  doctor] 

Aguarden, 
girarla  mej 
Venga  la  o^a  mano. 
/   Míreme  usté  asi. 
íA^,  quéytepreciosa! 

/¡Ay,  q^Bé  reprecios^ 
/cara  prodigiosa 
/  sé  pi^senta  aquí.^' 
/   SI  pted  quiere  á  la  chica 
/    v^  más  despacio, 
diBsnúdela  Un  poquito 
^  es  m^ester. 

(saliendo.)."' 

Bi  no  acaba  usté  pronto 

|le  suelto  un  palo 

^ue  le  rompo  á  usté  el  alma, 

créalo  usté. 

No,  que  no  se  desnude, 

me  basta  un  brazo. 

Que  hace  frío  y  le  tengo 

miedo  el  trancazo. 

Ya  tfé  qué  tiene, 

no  hay  que  dudar, 

lo  queantes  dije 

fuéTT'veí  ' 


—  26 


Sab. 
'Cas. 

EZFQ, 

Pep. 

Art. 


Pérez 
Ca-. 

EZEQ. 

Sab. 


(Si  esto  se  descubre, 
¿qué  voy  á  hacer  yo? 

¡Qué  talento  tiene 
este  gran  doctor! 

Haciendo  el  médico 
este  mal  cómico 
nos  da  grandít?ima 
felicida(l, 

^  en  fornja  rápida, 
cOn  esa  práctica, 
de  un  modo  lógico 
nos  salvará. 

Kl  pulso  es  rápido,  etc. 
Es  este  médico 
sabio  científico, 
y  en  terapéutica 
no  tiene  igual. 
Con  tanta  práctica 
la  cura  es  lógica, 
y  en  forma  rápida 
la  (juita  el  mal. 


Hablado 


Pérez  ¿El  pulso  otra  vez? 

Sab.        ""   Bueno,  pero... 

Pérez  ¡Chist!  Callarse. 

EzEQ.  ¿Pero  qué  tiene? 

l'ÉREZ  Aguarden  ustedes,  que  la  estoy  notando  una 

cosa  granular  efervescente  en  todo  el  cuerpo. 

Cas.  Bueno,  pero  eso,  ¿se  pega? 

Pérez  No  hable  usted  de  peg  .r,  hombre.  ¡Ahí  Aho- 

ra ya  lo  adivino...  Ya  lo  penetro...  Ya  sé  lo 
que  tiene. 

Los  TRES     ¿Qué  tiene? 

PÉREZ  ¡Nada! 

Los  TRES      ¿Eh? 

Pérez  Nada  más.  fácil  que  diagnosticarlo.  Verán 

ustedes  cómo  adivino  todo  lo  que  la  pasa. 

Los  TRES     A  ver,  á  ver. 

PÉREZ  Vamos  á  ver.  ¿A  que  usté  todas  las  maña- 

nas, poco  después  de  levantarse,  siente  así 
como  ganas  de  tomar  algo? 


Pep. 
Pérez 


Pep. 

EZEQ. 

Pérez 

Cas. 

Pérez 

Sab. 

EzEQ. 
PÉREZ 


Cas. 

Pep. 
Pérez 


Cas. 

Pérez 

Cas. 


—  27  — 

Sí,  señor;  sí. 

¡El  chocolate!  Digo,  el  síntoma  caracterís- 
tico. Y  di^a  usted:  por  las  noches,  allá  á 
las  doce  ó  doce  y  media,  pero  más  hacia  la 
media,  ¿no  nota  usted  flojedad  en  las  pier- 
nas y  algo  de  pesadez  en  los  párpados  y  ga- 
nas así  como  de  acostarse? 
Sí,  señor;  eso  me  pasa  todas  las  noches. 
¿Y  qué  será  eso? 

íáueño.  Sueño  psicológico  magnético. 
¿Y  con  qué  se  quita  eso? 
Durmiendo. 

Oiga  usted,  pues  eso  es  de  familia,  porque 
á  mí  también  me  pasa. 
¿Pero  es  que  hay  personas  que  no  duermen 
ds  noche? 

¡Ya  lo  creo,  señora!  ¡Los  serenos!  Pues  bien, 
por  lo  que  yo  he  podido  apreciar,  esta  seño- 
rita lo  que  tiene  es  una  enteritis  galvanoplás- 
tica^ ni  más  ni  menos. 

Y  en  total,  que  es  lo  importante:  ¿se  puede 
casar  ó  no? 
(Diga  usted  que  no.) 

¿Catearse?  Ni  soñarlo.  Si  esta  señorita  se  ca- 
sara, ¿qué  sería  de  la  enteritis,  de  la  gastritis 
y  de  la  pericarditis? 
Pues  no  estoy  conforme. 
¿Que  no? 

No,  señor;  por  lo  tanto,  yo,  como  veo  á  la 
chica  sana,  voy  por  don  Timoteo,  á  ver  si 
es  verdad  eso  que  usted  ha  dicho,  (vase  por 

el  foro.) 

Eso;  que  venga  nuestro  médico. 
[Cómo!  ¿Otro  médico?  No.  ¡Eh!  ¡Eso  no!  ¡Eso 
no  lo  consiento! 

Así  tienen  ustedes  una  consulta. 
Pero  si  no  hace  falta. 

¡Naturalmente!  ¿Una  consulta  yo?  ¡Nunca! 
Eso  es  hacerme  de  menos.  Eso  no  se  le 
hace  á  un  Camarón...  por  lo  tanto,  vo  me 
retiro. 

¡Jamás!  Usted  no  sale  de  aquí. 
Es  que  -no  quiero  que  me  lastimen  la  dig- 
nidad. 


—  28    — 

Sab.  Por  eso...  usté  no  sale  de  aquí  lastimao. 

PÉREZ  Mire  usted  que  pué  que  sí. 

Pep.  jQué  apuro! 

Cas.  Ya   estamoe   aquí.  (Apareciendo  por  el  foro  acom- 

pañado de  don  Timoteo  )  Precisamente  le  he  en- 
contrado en  la  esquina.  Pase  usted,  (a  don 

Timoteo.) 


ESCENA  XII 


DICHOS,  CASIANO  y  DON  TIMOTEO 


TlM. 

Pérez 

TlM. 

PÉREZ 

TlM. 


Cas. 

EZKQ. 

Sab. 

Pep. 
Pérez 

Sab. 

TlM. 

Pérez 


TlM. 


Pérez 

TlM. 


Pérez 
Tjm. 

Sab. 


Con  permiso. 

(¡El  otro!  ¡Se  suplica  el  coche!) 

Compañero,  (saludando  &  Pérez.) 

Requiescat  in  pace. 

(Poquitas  ganas  que  tenía  yo  de  verme  cara 
á  cara  con  una  notabilidad  madrileña.  Lo 
confundo.) 

Pueg,  ya  le  he  dicho  á  usted  para  qué  le  he- 
mos llamao. 
Para  una  consulta. 

Que  el  señor  ha  dicho  que  Pepita  no  puede 
casarse  por  ahora. 

Y  no  puedo. 

Pues  claro  que  no  puede.  Cuando  lo  dice 
ella... 

Y  el  señor  es  un  sabio. 
Por  tal  le  tengo. 

Por  tal...  (En  cuanto  me  vea  yo  en  el  portal, 
verás  tú...) 

Grande  es  mi  honra,  cuanto  escasos  mis 
conocimientos  profesionales,  y  asustado  es-- 
toy. 

(Y  yo  también.) 

Al  tener  que  departir  en   altercado  cientí- 
fico con   una  lumbrera  de  la  antropología, 
la  pediatría  y  la  ci rujia. 
(Loque  yo  decía.  Me  revienta.) 
Pero  he  de  manifestar  que  no  estoy  confor- 
me con  la  opinión  de  este  señor. 
¿Que  no? 


TlM. 

Pérez 
Sab. 

TlM. 

Fep. 
Pérez 

Pep. 
Pérez 

TlM. 


Pérez 

TlM. 


Pérez 

TlM. 

Pérez 

Sab. 

Pérez 


TlM. 

Pérez 

Cas. 

TlM. 


—  29   — 

¿Qné  ha  observado   usted   en  la   paciente 

para  afirmar  que  no  puede  casarse" 

¿Que  qué  he  observado?  (Yo  me  retiro.)  (se 

dirige  al  foro.  Sabino  lo  detiene.) 

Convénzale  usted. 

^Por  qué  no  puede  casarse  esta  señorita? 
Porque  no  (quiero. 

Porque  no  quiere...  porque  no  quiere  comer 
y  porque...  en  fin.  .  yo  me  retiro. 
Es  que  yo  tengo  muchas  cosas,  sí  señor. 
¿Ve  usted?  ^,Lo  está  usted  viendo?  j Acaba 
usted  de  oírlo?  ^,Lo  ve  usted? 
Lo  que  veo  es  la  crasa  ignorancia  de   las 
falsas  notabilidades  madrileñas.  Lo  que  veo 
es  que  no  sabe  usted  lo  que  se  dice.  Lo  que 
veo  es  que  son  ustedes  unos  charlatanes  sin 
conciencia  profesional,  que,  abusando  de  la 
aereoterapia,  la  hidroterapia  y  la  suerotera- 
pia,  engañan  ustedes  á.  los  ignorantes  y  á  los 
profanos   en    materias  médico-quirúrgicas 
¿Qué  hay?  ¿Qué  hay? 
Nada  de  particular. 

¿Qué  hay  en  el  aspecto  general  de  esta  se- 
ñorita que  revele  caracteres  morbosos?  Kl 
plasma  y  el  protoplasma  permanecen  inal- 
terables: el  aspecto  es  sano...  el  desarrolla 
espléndido,  la  salud  perfecta.  ¿Dónde  e.tá 
el  mal?  ¿Dónde  la  dolencia?  ¿Dónde  el  tras- 
torno alterante? 

¿Que  dónde?  ¿Que  dónde  está  el  trastorna 
alterante? 
Sí,  señor. 

Yo  me  retiro.  (Hace  acción  de  marcharse.) 

(Deteniéndole.)  ¡Confúndalo  usted! 

Tiene  una  cara  que  no  se  confunde.  Yo  la 

que  digo  es  que  para  convencerle  necesita 

quedarme  sólo  con  él.  jQue  nos  dejen  solos 

y  ya  veremos  si  Je  convenzo] 

No  hay  inconveniente.  Salgan  ustedes. 

¡Retirarse! 

Pero... 

¡Fuera  todo  el  mundo!  (Vanse  don  Casiano,  don 
Sabino,  doña  Ezequiela  y  Pepita  por  la  primera  iz- 
quierda.) 


—  80  — 

ESCENA  XIII 

PÉREZ  y  DON  TIMOTEO 

TiM.  Ya  estamos  solos. 

Pérez  (¿Q«é  le  digo  yo?)  T©me usted  asiento,  (ofre- 

ciéndole una  silla.) 
TlM.  Gracias.  (Se  sientan.) 

PéRKZ  (Sacando  la  petaca  vacía.)  ¿Usted  fuma? 

TlM.  Sí,  señor. 

Pérez  Pues  hapja   usted  el  obsequio  de  un  pitillo. 

(Don  Timoteo  se  lo  da.)  MuchaS  graciaS.  (Encien- 
den los  dos.)  Bueno,  pues  decía  que  la  chica 
no  puede  casarse  porque  yo  la  encuentro 
una  cosa  algo  patológica. 

TiM.  ¿Patológica^  Pero,  ¿qué  disparateb   está  us- 

ted diciendo?  ¿Patológica? 

PÉRFz  (Anda,  lie  metido  la  pato...  digo,  la  pata.) 

TiM.  ¿Usted  habrá   observado  que  esa  joven  es 

algo  cloro-anémica? 

Pérez  Es  cloro...,  digo,  es  claro.  Edo  he  observado. 

TiM.  Y  todos  sabemos  que  un  temperamento  lin- 

fático... 

Pérez  Es  claro... 

TlM.  Es  cloro...  cloro  anémico. 

Pérez  Naturalmente.  Es  cloro. 

TlM.  Por  lo  demás,  la  chica  es  un  fenómeno. 

Pérez  Quiá,  hombre;  ¡es  monísima! 

TlM.  Digo  un  fenómeno  médico  legal,  ¿no? 

Pékéz  Es  cloro...,  digo  que  es  claro  que  no. 

TiM.  Y  si  tocamos  el  órgano... 

Pérez  No;  yo  le  advierto  á  usté  que  yo  no  toco  más 

que  la  bandurria. 

TiM.  ¿Se  burla  usted? 

Pérez  No,  hombre;  si  es  que... 

TiM.  Entonces,  so  farsante,  ¿por  qué  no  se  puede 

cas;ir  esa  señorita? 

Ar'I  .  (Saliendo  de  la  segunda  derecha.  Coge  á  dou  Timoteo 

poi  el  cuello  y  le  amenaza  con  el  revólver.)    Porque 

á  mí  no  me  da  la  gana. 
TlM.  ¿Eh?  ¡Quién! 

Pérez  ¡Toma  sueroterapia!   ¡Anda,  toma  suerote- 

rapia! 


—  31  — 


Art. 


TlM. 

Art. 

TlM. 

Pérez 


TlM. 

Art, 
Pérez 

Sab. 

Cérez 

Pas. 


TlM. 
PÉREZ 

8ab. 

PÉREZ 


TlM. 

Sab. 

TlM. 

Pérez 


TlM. 
PÉREZ 

Cas. 

TlM. 

Cas. 

TlM. 


Pérez 

EZEQ. 

Sab. 


(Sin  dejar  de  amenazarle.)  Y,  Ó  dice  USted  lo  que 

este  señor,  ó   lo  mato  á  usted  como   á   un 
perro. 

(Protestando.)  ¡Pero  esto!...  ¡Esto  es  un  atrope- 
llo!... Yo... 

¡Ahí  estoy!  (segunda  derecha.)  Lo  dicho. 

Pero... 

¿Lo  está  usté  viendo?  ¿Ve  usté  cómo  no  te- 
nía  nada   que   ver   el  plasma  ni   la   cata- 
plasma? 
(indignado.)  ¡Esto  es  inaudíto! 

(besde  la  segunda  derecha.)  iQue  tíroi 

¿Se  ha  convencido  usted?  (Llamando.)  ¡Seño- 
res! ¡Don  Sabino!  ¡Salgan  ustedes! 
(saliendo.)  ¿Qué  hay? 
Con  dos  palabras  lo  he  aplastado. 


Pero  esto...  Yo... 
(a  Timoteo.)  ¡Que  tira! 
¿Qué? 

Que  tira...  de  aquí,  que  tira  de  allí,  al  fin,  lo 
que  yo  decía.  Lo  he  convencido  con  un  ar- 
gumento. 

Sí,  con  un  argumento...  (De  seis  tiros.) 
¿No  le  decía  yo  á  usted  que  era  un  sabio? 

Y  yo  me  he  convencido;  pero  es  porque... 
(interrumpiéndole.)  Porque  ustedes,  las  notabi- 
lidades rurales,  son  uaos  ignorantes,  sin  piz- 
ca de  ciencia  méflico-quirúrgica.  Poique  es- 
tos majaderos  son  unos  mediquillos  adoce- 
nados, cloro-boro-sódicos.  ¡Eso  es! 
¿Cloro-boro-gódicos? 

¡Sí,  señor;  cloro-boro-sódicos! 

¡Y  burros!  Dígaselo  usted   claro...  ¡Dejarse 

convencer! 

Pero,  hombre...,  si.  . 

Y  usted  está  aquí  demás... 

¡A  mí!  ¡Echarme  á  mí!  Bueno,  me  voy...;  sí, 
señor...,  me  voy;  pero...  (¡njenuda  la   voy  á 

armar!)  (Vase  por  el  foro.) 

(acompañándole    ala    puerta.)  ¡Vaya    UStcd    COn 

Dios,  so...  terapéutico! 

¡Dios  mío,  en  cuanto  Bartolo  lo  sepa! 

Pues  na,  no  hay  que  apurarse;  vamos  á  la 


—  32  — 

mesa  y  trataremos  de  lo  que  hay  que  hacer 
para  que  á  los  chicos  no  se  les  haga  tan  lar- 
go el  tiempo  que  tién  que  esperar. 

Pérez  Sí,  jupto;  á  comer...  á  comer... 

Pep  Vamos... 

Cas.  Mi  Bartolo,  en   cnanto  lo  sepa,   se  me  into- 

xica. (Vanso  primera  izquierda.) 

Pérez  ¡Dios  mío,  y  pensar  los  apuros  que  he  pasa- 

do por  veinte  duro.s...,  y  que  los  he  de  per- 
der por  culj)a  de  Gandúlez!...  jAh,  si  le  cojo! 

¡Qué  V(  nganza  la  mía!  (Vase  tras  l08  otros  por  la 
primera  izquierda.) 


ESCENA   XIV 

BARTOLO,  OCARINISTAS,  GUITARRISTAS  y  MOZOS 
por  el  foro 

Música 

B\RT.  Ya  que  están  á  tono 

tóoslos  instriimantos, 
vamos  á  empezar; 
nuicho  cuidadito, 
que  la  serenata 
no  hay  que  estropear. 
Ea,  prevenidos;        v 
vamos  á  empezar.   «^ w--^-    y- 
Pepita,  por  tu  querer    *.-r^  .: 

tengo  yo  tanta  ilusión 
oue  un  día  tendrás  que  ser, 
Pepita,  de  este  melón. 

Coro  Mira  si  yo  te  (juerré, 

que  anoche,  cuando  te  vi, 
la  borrica  se  me  íné 
y  yo  la  dejé  por  ti. 

Bart.  Prevenido. 

Coro  Prevenido. 

Bart.  Sin  tardar. 

t'oRO  Sin  tardar. 

Bart.  Qu6  ahora  mismo,  todos  juntos, 

1-  con  gran  fuerza  hay  que  cantar. 

Todos  Pepita,  por  tu  querer 


--  33  — 

tengo  yo  tanta  ilusión, 
que  uo  día  tendrás  que  ser, 
Pepita  de  este  melón. 

ESCENA  XV 

DICHOS  y  DON  CASIANO  por  la  primera  izquierda 

Hablado 

Cas.  No  sus  molestéis  más,  hijo. 

Bart.  ¿Pero  quépase? 

Cas.  y  vu&otros  .sus  podéis  ir  á  tocarle  la  ocarina 

á  vuestras  familias. 

Mozo  l.o      ¡Vaya  un  desprecio!    (Vanse  todos  murmurando.) 

«ART.  i^ero  padre,  ¿qué  le  pasa  á  usted,  que  tiene 

usted  esa  cara  tan  triste? 
Cas.  Pues  ná,  hijo:  te  lo  diré  poco  á  poco;  que  te 

has  quedao  sin  novia. 
Bart.  ¿Qué  dice  usted? 

Cas.  Dicen  los  médicos  que  no  puede  casarse  en 

un  año. 
Barí.  ¿Que  no?...  ¡Aaah!  (Llorando.) 

Cas.  JSo  te  aflijas,  Bartolo. 

Bart.  ¡Aaaah!  ¡Con  tanta  bandolina  como  me  ha- 

bla  puestol...   ¡Aaaah!  ¡Cómo  voy  á  estar  yo 

un  ano  sm  Pepita...  con  lo  que'la  quiero' 

{Aaaah! 

ESCENA  XVI 

DICHOS,  DON  TIMOTEO  por  el  foro 
TlM.  (con  gran  sigilo  y  muy  rápido.)  ¡Chistl  ¡ScñoreS... 

señores!... 

Cas.  ¿Usted  otra  vez? 

TiM.  ¡Silencio!  Vengo  á  contar  á  ustedes  la  ver- 

dad. 

Cas.  ¿Qué? 

nZ'.  '^y^"  ^"í  que  aquí  ha  ocurrido  es  una  farsa. 

DART.  ¿Pero  el  qué? 

TiM.  Yo,  víctima  de  una  amenaza.  Pepita  no  está 


—  Í4  — 

mala...  Caioarón  no  es  tal  médico,  pero... 
¡Chifet! 

Cas.  ,:Es  posible?  ¿Qué  dice  usted?  ¿Está  loco? 

TiM.  ¡Silenciol  Vamonos  y  se  lo  contaré  á  ustedes 

todo, 

('a8  Me  deja  usted  atónito. 

Baki.  y  í^  mí  at'  nití^imo. 

TlM.  ¡Chist!.^  Vamonos.  (Vanse  ios  tres  por  el  foro  ges- 

ticulando ) 


ESCENA  XVII 

PÉREZ  y  DON  SABINO  por  la  primera  izquierda 

hÍAB.  Bueno,  y  ahora  que  estamos  solos,  dígame 

U8té,  ¿qué  strá  esto  que  tengo  yo,  que  me 
levanto  todas  Iss  mañanas  sin  ganas  de  le- 
vantarme? 

Pérez  Pereza...  pereza  digestiva...   porque  usté...  á 

usted  no  hay  más  que  verlo...  usté  está  pre- 
dispuesto á  un  embarazo. 

S■^B.  ¿Hervidor?  (Muy  extrañado.) 

PÉkEZ  A  un  embarazo  gástrico,  y  usted  lo  que  tiene 

que  hacer  es  andar  mucho  todas  las  ma- 
ñanas. 

Sab.  ¿y  dónde  voy? 

V^i^iz  Vaya  usted  á  paseo. 

Sab.  ¡Hombre,  no  se  ofenda  usted! 

Pérez  No,  si  digo  que  dé  usted  paseos,  muchos  pa- 

seos. 

ESCENA  XVIII 

DICHOS,    RETACO    y    NANO 
KeT.  (Dentro.  Muy  lejos  y  acercándose   Gran  voceiío.)  ¡So- 

corrt»!  ¡Es  él!...  ¡Lo  ha  matado!  jUn  médicoí 

¡El  médico! 
Sab.  (subiendo  al  foro  )  jRecontra!  ¿Qué  pasa? 

Pérez  ¡Un  médico!  (Muy  apurado.)  Buscar  un  médico. 

¿Habrá  por  aquí  algún  médico? 
Sab.  (Extrañado.)  ¡Usted!... 


—  35  — 


Pérez 
Ret. 

Sab. 
Ret. 

Pérez 
Rlt. 

Sab. 
Pérez 

Ret. 

Pérez 

Sab. 
Pérez 
8ab. 
Pérez 


Ret. 


.Sab. 
Pérez 


-Mozo  1.^ 

Ret. 

Pérez 

Sab. 

Pércz 

8ab. 

Pérez 

Sab. 

Pérez 


Ret. 

Nano 

í'érez 


¡Ah,  sí,  es  verdad! 

(saliendo.)    ¡El    médico!    (Viendo   á    Pérez.)    ¡Ahí 

¡Usted!  ¡Por  usted  vengo! 

¿Qué  pasa? 

¡  Una  desgracia  atroz!  Que  el  empresario  de 

IOS  cómicos,  el  señor  Gandúlez... 

¿Qué? 

Que  en  meta  de  la  carretera  lo  ha  tirao  el 
macho,  y  ahí  lo  traen  sin  sentido. 
¡Pobre  hombre! 

(¡Castigo  del  cielo!)  ¿Y  dice  usted  que  no 
conoce? 

¡Quiá!  Viene  sin  habla,  y  ahí  lo  traen  pa  que 
usté  lo  cuie. 
Pues  que  lo  entren,  que  lo  entren.  (Frotándose 

las  manos  con  alegría  mal  reprimida.) 

¿Y  qué  va  usted  á  hacerle? 

Primero  voy  á  registrarlo... 

¿Y  lueofo  le  quitará  usted  todo  lo  que  tenga? 

Hasta  el  último  céntimo...  digo  todo,  (viendo 

á  los  mozo^  que    traen  á  Gandúlez   desmayado   cu  una 
silla.) 

.'-'asarlo  por  aquí  con  cuidado.  (Entran  varios 

mozos  y  mozas  llevando  á  Gandúlez.)  AqUÍ  lo  tiene 

usted. 

¡Pobre  hombre! 
Bueno;  apartarse,  apartarse.  (Retirando  á  ios 

mozos  y  mozas.) 

Fíjese  usted,  que  aquí  tiene  una  cosa  muy 

dura. 

Alguna  fractura. 

(Registrando  á  Gandúlez  )  Es  Calderilla. 

¿Lo  ha  registrado  usted  ya? 
Sí,  señor. 

¿Y  qué?  ¿Tiene  poca  cosa? 
Dos  ó  tres  reales  nada  más. 
Si  digo  de  mal. 

¡Ah!  De  mal,  nada.  No  tiene  más  que  el  sus- 
to. (Pero  me  las  va  á  pagar.  Mi  venganza  va 
á  ser  terrible.)  Bueno.  Hace  falta  uno  que 
vaya  á  la  botica, 
(a  uno.)  Nano,  anda  tú. 
En  un  brinco.  ¿Qué  traigo? 
Que  te  den  cuatro  cantáridas  y  media  do- 


—  36  — 


Sab. 
Pérez 


Sab. 
Pérez 


Todos 
Pérez 

Ret. 

Sab. 
Pérez 

Ret. 
Mozo  1 
Gand. 

Sab. 

Gano. 

Ret. 


Gani>. 

Sab. 
Gand. 


I^érfz 
Sab. 
Ret. 

Mozo  l.o 
Gand. 

J^É    KZ 

íSae. 


cena  de  einapismo.",  que  se  las  vamos  á  po- 
ner en  segiúda. 
^,Pero  tanto? 

Para  lo  que  es  éste  es  poco  todavía,  créame 
usted.  Ustedes  mientras  (a  las  mozas)  le 
echan  agua  á  la  cara,  y  ustedes  (a  don  sabino. 

Retaco  y  varios  mozos.)  vengan  acá. 

¿(cine  es? 

Kste  hombre  tiene  una  inflamación  crania- 
va,  y  ena  enfermedad  es  una  especie  de  lo- 
cura; de  manera  que  éste,  en  cuanto  vuelva 
en  sí  empf  zara  á  insultaruce  y  á  decir  que 
soy  un  sinvergüenza  y  un  pillo,  y  que  no 
soy  médico  y  otra  porción  de  disparates: 
bueno;  pues  no  hay  más  que  hacer  una 
cosa. 
¿Qué? 

Seguirle  la  corriente,  y  ponerle  las  cantá- 
ridas. 

No  tenga  usted  cuidado. 
Le  seguiremos  la  corriente, 
Mucho  ojo  con  e^to,  porque  si  le  llevamos  la 
contra  se  muere. 
¡No,  hombre! 

¡Ya...  ya  vueivel  Ya  habla. 
¡Ay!  ¡Ay,  Dios  mío! 

(Acercándose.)  ¿CÓmO  está  USted? 

; Molido!  ¡Ay,  yo  me  muero! 

¡Eso  no  es  ná!  Eso  se  le  quita  á  usted  en- 

cuanto  se  le  pongan  cuatro  cantáridas  que  le 

ha  mandao  el  médico. 

(Dando  un  salto  )  ¡A  mí  cuatro  Cantárida^-!  ¿Qué 

médico  ha  diciio  eso? 

¡El  mejor  de  Madrid!  El  señor. 

¡Tú!...  ¡Pérez!...  No;  que  no  me  pongan  nada. 

¡Cantáridas,  no!  Ese  no  es  médico.  Ese  es 

un  sinvergüenza. 

¡í^eguirle  la  corriente! 

No,  si  ya  lo  sabemos. 

Sabemos  que  no  es  médico. 

Es  un  pillo. 

¿Cantáridas  á  mi?  ¡Es  un  granuja! 

Seguirle  la  corriente...  Seguirle  la  corriente... 

Ha  venido  á  engañar  una  familia. 


—  37  - 

Pérez  Seguirle  la  corriente. 

Sab.  No  se  altere  usted. ,  íSi  ya  sabemos  lo  inde- 

cente que  es. 

Nano  fEntrando.)  ¡Las  cantáridas! 

Gand.  No,  á  mí  no. 

Pérez  Sujetarlo  y  á  ponérselas,  quiera  ó  no  quiera, 

que  es  su  salvación,  (lo  sujetan.) 

Gand.  ¡No...  no  hacerle  caso!  ¡A  mí  no! 

PÉREZ  Llevárselo  y  atarlo  á  la  cama,  y  que  no  se 

las  quite. 

Gand.  No.  ¡Socorro!  ¡Que  no  es  médico:   ¡Que  es 

Pérez!  No  ponerme...  (Forcejea.) 

Pérez  Seguirle  la  corriente.  Seguirle   la  corriente. 

Gand.  ¡Que  es  un  pillo!  (se  lo  llevan  en  brazos.) 

Pérez  (Muy  contento.)  Me  he  vengado. 


ESCENA  XIX 

PÉREZ,  RETACO  y  DON  SABINO.  Luego  CASIMIRO,  TIMOTEO 
y   BARTOLO    por   el   foro 

Sab.  ¡Qué  tío  éste! 

Ret.  ¡Adivinar  hasta  las  palabras  que  iba  á  decir 

el  enfermo!...  ¡¡Este  hombre  es  una  alam- 
brera!! 

Pérez  ¡Práctica,  práctica! 

Cas.  (Entrando.)  ¡Felicesl  (Entran  Timoteo  y  Bartolo.) 

Sab.  ¿Vosotros? 

Cas.  Me  alegro  que  estén  ustedes  juntos. 

Pérez  (¡Cuerno,  éstos  otra  vez!) 

Sab.  ¡Chicos,  si  llegáis  á  venir  antes!...  ¡Qué  mé- 

dico este!...  ¡Qué  cura  ha  hecho!... 

Cas.  ¿Sí,  eh? 

Pérez  ¡Práctica,  práctica! 

Bart.  ¡.Ja,  ja! 

TiM.  ¡.Je,  je! 

Cas.  Conque  buena  cura,  ¿eh? 

Sab.  ¡Es  un  sabio! 

Cas.  ¡Este!  ¿Tú  ves  este?  Pues  este  hombre  no  es 

médico...  este  es  un  sinvergüenza...  ¡un  ca- 
nalla! 

Pérez  (Aterrado.)  ¿Yo? 

Cas.  ¡So  pillo! 


—   38  — 

Pérez  ¡Seguirle  la  corrieotel 

8ab.  ¿Pero  qué  dices? 

Het.  ¿Está  usié  locoV 

TiM.  ¡  Kste  tío  es  un  facultativo  de  pega! 

Barí.  ¡Pegúele  usted,  padre,  que  es  de  pega! 

TiM  ¡So  granuja! 

Pérez  ¡Seguirle  la  corriente,  seguirle  la  corriente! 

Cas.  (Cogiéndole  por  las  solapa:,)  ¡Venga   usté  ac^, 

so  pillo! 

TiM.  No  le  oprima  usté  la  epiglotis,  que  puede 

ahogarse! 

Cas.  ¡Granuja! 

Bart.  ¡Duro  á  la  epiglotisi 

Pérez  [No;  socorro!  ¡A  mí!  ¡Por  Dios! 


ESCENA  ULTIMA 

TODOS 
PEí*.  (Segunda  izquierda.)  ¿Qué  66? 

EzEQ.  fidem.)  ¿Qué  sucede? 

Sab.  ¿Pero  no  es  usted  médico? 

A6t.  (Saliendo  segunda  derecha.)  No,  Señor. 

Pep.  ¡Kll 

Sab.  ¡.Arturo! 

Bart.  ¡El  novio  del  otro  pueblo! 

TiM.  ¡Mi  matador! 

Pérez  ¡Calle  usted,  so  banderillero! 

Sab.  ¿y  tú,  á  qué  vienes  aquí? 

Art.  a  decirle  á  usted  que  ni  el  señor  es  médico 

ni  Pepita  está  mala,  y  que  toda  esa  farsa  la 

he  armado  yo  para  impedir  que  este  se  case 

con  ésta. 
Barí .  Esta  joven  está  en  la  convalecencia  y  es  pa 

mí. 
Pep.  Yo  no  quiero  á  nadie   más  que  á  Arturo, 

papá. 
Art.  Además,  me  haré  Azcarraguino. 

EzEQ.  ¿Pero  es  posible? 

Sab.  Ya  lo  oyes.  ¡Qué  voy  á  hacer  yo!... 

Bart.  ¡Aaaahl  (Llorando.) 

EzEQ.  ¡Vamos,  hijo,  que  con  lo  que  tú  eres  no  te 

faltarán  I'epitas! 


3«J 


Bart. 

8ab. 
Pérez 
Ret. 
Pérez 

Sab. 
Gand. 

Mozo  1.0 
Pérez 


Gand. 

PÉREZ 


¡Aaah!  (Vase  foro   llorando.) 

¿Y  usted  quién  es? 

Primer  actor.  (Se  quita  la  peluca.) 

¡El  cómico! 

Abarco  lo  dramático  y  lo  cómico.  Lo  mis- 
rao  en  el  Galeoto...  que  en  Mi  misma  cara... 
Estoy  por  darle  á  usted  en  su  misma  cara. 

(Sale  seguido  de  todos  por  la  primera  derecha.)  ¡Nol 

ique  no  me  las  pongan!  ¡Socorro!  ¡Pérez! 

¡8e  nos  ha  escapaol 

Bueno,  dejarlo,  no  ponerle  nada...  pero,  ven 

acá;  el  pupilaje  se  lo  vas  á  pagar  tú  al  señor, 

y  le  vas  á  dar  ocho    duros  de  propina... 

¿sabes? 

Bueno,  sí;  pero  cantáridas,  no. 

(a  Retaco.)  Como  no  le  pague  á  usted  me  avi- 

.«a  y  le  pongo  sanguijuelas. 

(ai  público.) 

Y  ustedes  si  perdonan 

lo  que  ha  pasado, 
y,  por  8ue>'te,  el  juguete 

les  ha  gustado, 

ruego,  señores, 
tengan  benevolencia 

con  los  autores. 


FIN 


OBRAS  DE  CARLOS  ARNICHES 


Casa  editorial. 

La  verdad  desnuda. 

Las  manías. 

Ortografía. 

El  fuego  de  San  Telmo.^ 

Panorama  nacional. 

Sociedad  secreta. 

Las  guardillas. 

Candidato  independiente 

La  leyenda  del  monje.  ^ 

Calderón.— 

Nuestra  Señora. 

Victoria. 

Los  aparecidos.  - 

Los  secuestradores. 

Las  campanadas  - 

Via  libre. 

Los  descamisados.. 

El  brazo  derecho. 

El  reclamo. 

Los  Mostenses. 

Los  Puritanos." 

El  pie  izquierdo, 

Las  amapolas.  ^ 

Tabardillo. 

El  cabo  primero, " 

El  otro  mundo. 

El  principe  heredero. 

El  coche  correo. 

Las  malas  lenguas. 

La  banda  de  trompetas."^ 

Los  bandidos. 

Los  conejos. 

Los  camarones.'^ 

La  guardia  amarilla* 

El  santo  de  la  Isidra." 

La  fiesta  de  San  Antón.  ^ 

Instantáneas. 


El  último  chulo.  - 

La  Cara  de  Dios.  ~ 

El  escalo. 

María  de  los  Angeles.  ~ 

Sandias  y  melones.  " 

El  tío  de  Alcalá- 

Doloi'etes.  _ 

Los  niños  lloronas.  ~ 

La  muerte  de  Agripina. 

La  divisa. 

Gazpacho  andaluz.  ~ 

San  Juan  de  Luz.  - 

El  puñao  de  rosas.- 

Los  granujas.  " 

La  canción  del  náufraqo 

El  terrible  Pérez. 

Colorín  colorao... 

Los  chicos  de  la  escuela 

Los  picaros  celos. 

El  pobre  Valbuena. 

Las  estrellas. 

Los  guapos. 

El  perro  chico. 

La  reja  de  la  Dolores. 

El  iluso  Cañizares. 

El  maldit'y  dinero. 

El  pollo  Tejada. 

La  pena  negra. 

El  distinguido  Sportsman 

La  noche  de  Reyes. 

La  edad  de  hierro. 

La  gente  seria. 

La  suerte  loca. 

Alma  de  Dios. 

La  carne  fiaca. 

El  hurón. 

Felipe  segundo. 


OBRAS  DE  CELSO  LUCIO 


A  vista  de  pájaro. 

El  gorro  frigio. 

Boulaager. 

Un  vaso  de  agua. 

Calderón. 

Pan  de  flor. 

Panorama  nacional , 

Sociedad  secreta. 

Claveles  dobles. 

Los  secuestradores. 

Los  aparecidos. 

El  Gran  Capitán. 

Vía  libre. 

El  brazo  derecho. 

El  reclamo. 

Los  Mostenses. 

Los  Puritanos. 

El  pie  izquierdo 

Las  amapolas. 

Tabardillo. 

El  cabo  primero. 

Pepito  (parodia  de  Juan  José). 

El  príncipe  heredero. 

Las  malas  lenguas. 


La  marcha  de  Cádiz. 

Los  bandidos. 

El  juicio  del  año. 

Los  conejos. 

El  pobre  diablo. 

Los  camarones. 

La  guardia  amarilla. 

¿Cytrato?...  ¡De  ver  será! 

El  último  chulo. 

¡A  cuarto  y  á  dos!... 

El  escalo. 

María  de  los- Ángeles. 

Una  estrella. 

Juan  y  Manuela. 

Los  cuatro  palos. 

Fresa  de  Aran  juez. 

Los  pensionistas. 

El  palco  del  Real. 

El  premio  de  honor. 

<E1  nuevo  ministerio  >. 

El  kilométrico. 

El  gorro  frigio  {refundición) 

Hotel  de  Eoma. 

La  Puerta  del  Sol, 


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